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¿Cuándo debo sospechar de autismo?

El autismo, conocido formalmente como Trastorno del espectro autista (TEA), es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la manera en que una persona percibe el mundo y se comunica con los demás. El término «espectro» refleja la amplia gama de síntomas, habilidades y niveles de discapacidad que pueden presentar las personas con autismo.

Como padres, es fundamental estar atentos a ciertas señales y comportamientos que podrían indicar la presencia de esta condición. A continuación, describimos algunas de las señales clave que podrían sugerir la necesidad de consultar con un neuropediatra o un neuropsicólogo. 

Desarrollo social y emocional

Uno de los primeros signos del trastorno del espectro autista puede ser la dificultad en el desarrollo social y emocional. Los niños con autismo a menudo tienen problemas para establecer contacto visual, no responden a su nombre y prefieren jugar solos en lugar de interactuar con otros niños. Además, pueden no mostrar interés en compartir experiencias o emociones, lo que se traduce en una falta de reciprocidad emocional.

Si observas que tu hijo no sonríe en respuesta a tus sonrisas o no busca consuelo cuando está molesto, podría ser un motivo de preocupación. Los neuropediatras enfatizan la importancia de la observación de estas señales en los primeros años de vida, ya que una detección temprana puede llevar a intervenciones más efectivas. 

Lenguaje y comunicación

El desarrollo del lenguaje es otra área crucial a considerar. Los niños con autismo a menudo presentan retrasos en el habla y pueden tener dificultades para iniciar o mantener conversaciones. Algunos niños pueden repetir palabras o frases de manera repetitiva (ecolalia) o utilizar un lenguaje muy formal para su edad.

Es importante prestar atención a cómo tu hijo utiliza el lenguaje. ¿Tiene dificultades para expresar sus necesidades o deseos? ¿Evita usar palabras y prefiere señalar o guiarte físicamente hacia lo que quiere? Estas conductas pueden ser indicativas de autismo y justifican una consulta con un neuropsicólogo para una evaluación más detallada.

Comportamientos repetitivos y restrictivos

Los niños con trastorno del espectro autista a menudo muestran comportamientos repetitivos o tienen intereses muy restrictivos. Pueden insistir en seguir las mismas rutinas cada día, y cualquier cambio en estas rutinas puede causarles un gran malestar. Estos niños también pueden involucrarse en movimientos repetitivos como aletear las manos, balancearse o girar sobre sí mismos. 

Otro aspecto a considerar es la intensidad y el enfoque de sus intereses. Por ejemplo, un niño puede estar obsesionado con los trenes, pero no de la manera típica, sino que puede estar fascinado específicamente con las ruedas de los trenes y no mostrar interés en jugar con ellos de manera convencional. Estos patrones de comportamiento son señales importantes que los neuropediatras y neuropsicólogos utilizan para diagnosticar el autismo.

Sensibilidad sensorial

Muchos niños con autismo tienen sensibilidades sensoriales. Pueden reaccionar de manera exagerada a ciertos sonidos, texturas, luces o sabores. Algunos pueden ser extremadamente sensibles al ruido, lo que puede llevarlos a taparse los oídos en entornos ruidosos, mientras que otros pueden buscar estímulos sensoriales, como frotar ciertos tejidos contra su piel o mirar fijamente a luces brillantes.

Es fundamental observar cómo tu hijo responde a diferentes estímulos sensoriales. Estas respuestas inusuales pueden ser otro indicativo de autismo y son factores que los especialistas en neuropediatría consideran en sus evaluaciones.

¿Cuáles son las causas de autismo?

1. Factores Genéticos:

  • Herencia:

Existe una fuerte componente genética en el autismo. Los estudios han demostrado que los gemelos idénticos tienen una alta probabilidad de ambos ser diagnosticados con TEA si uno de ellos lo tiene.

  • Mutaciones Genéticas:

Se han identificado varias mutaciones genéticas que están asociadas con el autismo. Algunas de estas mutaciones pueden ocurrir espontáneamente (de novo) y no se heredan de los padres.

  • Síndromes Genéticos:

Algunas condiciones genéticas específicas, como el síndrome de X frágil, el síndrome de Rett y la esclerosis tuberosa, están asociadas con un mayor riesgo de desarrollar TEA.

2. Factores Ambientales:

  • Exposición Prenatal:

La exposición de la madre a ciertos medicamentos, infecciones virales, o toxinas ambientales durante el embarazo puede aumentar el riesgo de autismo en el niño.

  • Edad Parental:

La edad avanzada de los padres, especialmente del padre, se ha asociado con un mayor riesgo de autismo.

  • Complicaciones Perinatales:

Problemas durante el embarazo y el parto, como la hipoxia (falta de oxígeno) al nacer, también se consideran factores de riesgo.

3. Alteraciones en el Desarrollo Cerebral:

  • Conectividad Neuronal:

Estudios de neuroimagen han mostrado que las personas con autismo pueden tener diferencias en la conectividad neuronal en ciertas áreas del cerebro que están involucradas en la comunicación social y el comportamiento.

  • Desarrollo Anormal del Cerebro:

Algunos niños con TEA muestran un crecimiento excesivo del cerebro durante los primeros años de vida, lo que puede afectar el desarrollo neuronal normal.

5. Desequilibrios Neuroquímicos:

Se han encontrado diferencias en los niveles de ciertos neurotransmisores, como la serotonina, en individuos con autismo. Estos desequilibrios neuroquímicos pueden influir en la función cerebral y el comportamiento.

Intervención temprana y evaluación

Si sospechas que tu hijo podría tener trastorno del espectro autista, el primer paso es consultar con un neuropediatra. Estos especialistas en neurología infantil están capacitados para identificar y tratar una amplia gama de trastornos del desarrollo. La evaluación de un neuropediatra generalmente incluye una revisión detallada del historial médico y del desarrollo del niño, así como una serie de pruebas y observaciones clínicas.

Un neuropsicólogo también puede ser parte esencial del equipo de diagnóstico. Los neuropsicólogos realizan evaluaciones detalladas para comprender mejor las fortalezas y debilidades cognitivas, conductuales y emocionales del niño. Estas evaluaciones pueden ayudar a determinar la presencia de autismo y proporcionar información valiosa para el diseño de un plan de intervención personalizado.

La intervención temprana es clave para mejorar los resultados a largo plazo en los niños con autismo. Los programas de intervención pueden incluir terapia del habla, terapia ocupacional, intervenciones conductuales y apoyo educativo especializado. Cuanto antes se inicien estas intervenciones, más efectivas pueden ser para ayudar a los niños a desarrollar habilidades sociales, comunicativas y de comportamiento.

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