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Señales tempranas de epilepsia infantil

Autor: Giovana Femat Roldán

La epilepsia infantil es una condición en la que el cerebro presenta actividad eléctrica anormal lo que provoca crisis epilépticas con distintas manifestaciones clínicas pero conocidas popularmente como convulsiones. Si bien algunos de estos episodios neurológicos pueden pasar desapercibidos o parecer inofensivos, hay situaciones en las que representan una emergencia y deben ser valoradas por un especialista en neuropediatría de forma inmediata.

Las “convulsiones” (crisis convulsivas) suelen ser la manifestación más conocida: movimientos bruscos del cuerpo y/o rigidez o sacudidas repetitivas y que posteriormente son acompañadas de pérdida de consciencia. Estas son conocidas en el ámbito médico como crisis epilépticas generalizadas, pero no todas las crisis epilépticas se ven así. Algunas son más sutiles, como los episodios de ausencia, donde el niño o niña se queda con la mirada fija, sin responder por unos segundos. A veces parecen estar “soñando despiertos”, pero si esto se repite frecuentemente, puede ser una señal de epilepsia. 

En las crisis de ausencia, la única manifestación puede ser una desconexión breve del entorno que ocurre de manera repetida a lo largo del día. Aunque parecen inofensivos estos episodios, son una interrupción del funcionamiento normal del cerebro y deben investigarse no solo por las implicaciones en la salud, sino también por las secuelas académicas o sociales.

Hay otros signos que pueden indicar que el cerebro no está funcionando de forma adecuada y que requieren atención médica urgente. Por ejemplo, si después de un episodio el niño queda con somnolencia excesiva, muy difícil de despertar o desorientado, es importante acudir a consultar. También se considera una señal de alarma cuando se observa una regresión en el desarrollo, es decir, cuando el niño pierde habilidades que ya había adquirido, como dejar de caminar. 

Los cambios en el comportamiento también pueden ser un signo que aparece antes de las crisis epilépticas, sobre todo si son repentinos. Algunos niños se muestran con irritabilidad inexplicable, más retraídos o con dificultades para concentrarse. Si estas conductas se acompañan de episodios neurológicos, deben ser valoradas por un especialista. 

Las crisis nocturnas son motivo de sospecha si el niño o niña presenta sueño interrumpido por movimientos anormales o si se despierta confuso. Los episodios de confusión pueden observarse cuando hay respuestas lentas, el niño no comprende lo que se le indica o actúa de forma extraña. Estos son datos que pueden explicarse por una crisis epiléptica.

Una señal más evidente son las caídas repentinas y sin causa aparente. Si el infante se desploma de forma inesperada, sin tropezar, es posible que se trate de una crisis. Durante algunas crisis también puede observarse babeo excesivo o falta de respuesta a estímulos, como no reaccionar al nombre o al contacto físico. 

En todos los casos, los antecedentes heredofamiliares son clave para iniciar el abordaje diagnóstico. Si existe un historial familiar de epilepsia o enfermedades neurológicas, el riesgo de que los niños o niñas desarrollen algún síndrome epiléptico, es mayor. En estos casos, cualquier evento sospechoso debe ser evaluado con prontitud. 

¿Cuándo acudir inmediatamente al neuropediatra?

Se recomienda atención médica urgente en los siguientes casos:

  • Convulsiones que duran más de cinco minutos o más de una convulsión el mismo día. Incluyendo episodios de ausencia con mirada fija o desconexión breve del entorno.
  • Crisis epilépticas generalizadas de primera vez con sacudidas repetitivas, pérdida de consciencia y falta de respuesta a estímulos. 
  • Somnolencia excesiva o confusión prolongada. Incluye episodios de confusión con respuesta lenta a los estímulos.
  • Regresión en el desarrollo o pérdida de hitos del neurodesarrollo. 
  • Cambios repentinos del comportamiento o irritabilidad inexplicable. 
  • Crisis nocturnas o sueño interrumpido por movimientos anormales. 
  • Caídas repentinas y sin explicación. 
  • Presencia de historial familiar de epilepsia u otras condiciones médicas que afectan el sistema nervioso central. 

Reconocer estos signos y síntomas a tiempo puede marcar una diferencia en el pronóstico. El diagnóstico y tratamiento temprano ayudan a controlar las crisis pero también protegen el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños y niñas. Ante cualquier duda, lo más recomendable es acudir inmediatamente al neuropediatra, quien podrá realizar una evaluación completa y, si es necesario, iniciar tratamiento farmacológico. 

La epilepsia infantil puede ser controlada en la mayoría de los casos con ayuda del tratamiento farmacológico. Con una atención oportuna, un enfoque integral que considere todas las esferas del desarrollo infantil y el apoyo familiar, muchos niños y niñas pueden llevar una vida

¿Cuáles son las causas más comunes de epilepsia infantil?

La epilepsia infantil es un trastorno neurológico que puede tener múltiples causas. Entender su origen no solo permite brindar un diagnóstico más preciso, sino también elegir el tratamiento más adecuado y anticipar su evolución. A continuación se explican las causas más comunes de epilepsia en la infancia, agrupadas por categorías según su origen:

1. Causas estructurales

Estas causas se relacionan con alteraciones físicas en el cerebro, ya sean congénitas o adquiridas.

  • Malformaciones del desarrollo cortical: Algunas regiones del cerebro pueden no haberse formado correctamente durante el embarazo. Malformaciones como la displasia cortical focal, la heterotopía o la lisencefalia son ejemplos comunes y pueden predisponer a crisis epilépticas desde los primeros meses de vida.
  • Lesiones cerebrales perinatales: Complicaciones como falta de oxígeno al nacer (asfixia perinatal), hemorragias intracraneales o infecciones en el periodo neonatal pueden dejar cicatrices o daño cerebral que derivan en epilepsia.
  • Traumatismo craneoencefálico: Aunque más frecuente en niños mayores, los golpes severos en la cabeza pueden provocar epilepsia postraumática, sobre todo si hay hemorragias o lesiones estructurales.

2. Causas genéticas

El componente genético puede desempeñar un papel central, especialmente cuando no hay lesiones visibles en estudios de imagen.

  • Epilepsias genéticas primarias: Existen síndromes epilépticos específicos asociados a mutaciones en genes relacionados con el funcionamiento de los canales iónicos del cerebro. Ejemplos conocidos incluyen:
  • Síndrome de Dravet (mutaciones en el gen SCN1A)
  • Epilepsia mioclónica severa de la infancia
  • Epilepsia Rolándica benigna, que también tiene cierto componente hereditario
  • Enfermedades metabólicas con base genética: Trastornos como la fenilcetonuria o enfermedades mitocondriales pueden alterar el metabolismo cerebral y provocar epilepsia.

3. Causas infecciosas

Las infecciones que afectan el sistema nervioso central pueden desencadenar epilepsia, especialmente si producen inflamación o daño cerebral.

  • Meningitis y encefalitis (causadas por virus, bacterias o parásitos)
  • Infecciones prenatales como la toxoplasmosis, citomegalovirus o virus Zika, que pueden dañar el cerebro antes del nacimiento

4. Causas inmunológicas

En algunos casos, el sistema inmune ataca por error al propio cerebro del niño, generando inflamación que desencadena epilepsia.

  • Encefalitis autoinmune, como la anti-NMDA, que puede aparecer incluso en niños pequeños
  • Síndromes epilépticos relacionados con disfunciones inmunitarias que no siempre se detectan fácilmente, pero que pueden responder a tratamientos inmunológicos

5. Causas metabólicas

Son trastornos que afectan el equilibrio bioquímico del cerebro y que, si no se tratan, pueden generar daño neurológico y crisis epilépticas.

  • Errores innatos del metabolismo: Algunas enfermedades metabólicas raras pueden detectarse en tamizajes neonatales, pero otras pueden pasar desapercibidas hasta que provocan síntomas como convulsiones.
  • Hipoglucemia, hipocalcemia, hipomagnesemia: Desequilibrios agudos también pueden provocar crisis, sobre todo en los primeros días o semanas de vida.

6. Causas desconocidas (epilepsia criptogénica)

A pesar de los estudios realizados (imagen, genética, laboratorio), en algunos casos no se logra identificar una causa clara. Sin embargo, esto no significa que no tenga tratamiento o pronóstico; muchas veces, estas epilepsias responden bien a medicamentos y pueden incluso remitir con el tiempo.

Reflexión final

En la infancia, la epilepsia nunca debe considerarse un diagnóstico simple o uniforme. Comprender su causa es fundamental no solo para ofrecer un tratamiento eficaz, sino también para acompañar a las familias en la búsqueda de respuestas. Cada niño es único, y detrás de cada crisis hay un cerebro con una historia que merece ser escuchada con atención, ciencia y sensibilidad.

Si se sospecha epilepsia en un niño, lo más importante es acudir a un especialista en neurología infantil que pueda realizar una evaluación completa: entrevista clínica, electroencefalograma (EEG), estudios de imagen cerebral y pruebas genéticas o metabólicas si son necesarias. En muchos casos, un diagnóstico temprano permite mejorar el pronóstico y reducir el impacto en el desarrollo del niño.