¿Qué detecta un electroencefalograma en niños?
Autor: Giovana Femat Roldán
El electroencefalograma en niños, también conocido como EEG infantil, es una herramienta fundamental en el campo de la neurología pediátrica. Este estudio permite registrar la actividad eléctrica cerebral mediante electrodos colocados sobre el cuero cabelludo. A través de este procedimiento no invasivo, se pueden obtener datos valiosos sobre el funcionamiento del cerebro infantil, lo que resulta muy importante para detectar alteraciones neurológicas, diagnosticar ciertos trastornos y orientar tratamientos.
¿Qué es un EEG infantil y cómo funciona?
El EEG infantil es un estudio neurofisiológico que detecta las ondas cerebrales, es decir, los impulsos eléctricos que generan las neuronas. En los niños, estos patrones pueden variar según la edad, el nivel de madurez cerebral y el estado del niño durante el estudio (vigilia, sueño, relajación o estimulación).
Las ondas cerebrales normales tienen características específicas en cada etapa del desarrollo, por lo que los especialistas pueden identificar desviaciones que sugieren alguna alteración o enfermedad neurológica. La prueba se realiza colocando pequeños sensores sobre la cabeza del niño, que captan la actividad cerebral y la registran en una computadora. Es un procedimiento seguro, indoloro y no requiere sedación en la mayoría de los casos.
¿Cuándo se solicita un electroencefalograma en niños?
El EEG infantil puede ser solicitado en diversas situaciones clínicas. No siempre que un niño presenta un síntoma neurológico es necesario un EEG, pero hay contextos en los que este estudio resulta clave para el diagnóstico y el seguimiento. A continuación, se explican los casos más frecuentes en los que se solicita.
1. Sospecha de epilepsia infantil o crisis epilépticas
La epilepsia infantil es una de las principales razones por las que se solicita un electroencefalograma. Cuando un niño presenta convulsiones, movimientos involuntarios, rigidez corporal o episodios de desconexión del medio, el EEG puede ayudar a confirmar el diagnóstico de epilepsia, identificar el tipo específico de crisis y localizar la región del cerebro donde se originan.
Las crisis epilépticas no siempre se presentan con sacudidas visibles. En algunos casos, el niño puede quedarse quieto, con la mirada fija y sin respuesta por unos segundos. Estas manifestaciones se conocen como crisis de ausencia. En estos casos, el EEG es fundamental para registrar la actividad anormal durante o entre las crisis y confirmar el diagnóstico.
Además, el estudio permite valorar la necesidad de iniciar tratamiento y hacer un seguimiento de la respuesta al mismo. En algunos casos se realiza una monitorización EEG prolongada o durante el sueño para captar las crisis que no se observan en un EEG de rutina.
2. Trastornos del sueño
Los trastornos del sueño en niños pueden tener causas neurológicas. El EEG puede emplearse para investigar parálisis del sueño, terrores nocturnos, sonambulismo o despertares confusos, especialmente cuando se sospecha que estas manifestaciones podrían ser crisis epilépticas.
También se utiliza en casos donde hay una alteración marcada del ritmo sueño-vigilia o cuando el niño tiene conductas extrañas al dormir. Algunos síndromes epilépticos infantiles, como la epilepsia rolándica o el síndrome de Lennox-Gastaut, se manifiestan principalmente durante el sueño, por lo que la actividad cerebral nocturna puede aportar información diagnóstica clave.
3. Retraso en el desarrollo
Cuando un niño presenta retraso en el desarrollo, ya sea en el lenguaje, la motricidad o el aprendizaje, el EEG puede ser parte de la evaluación neurológica para descartar la presencia de anomalías cerebrales o epilepsias subclínicas (aquellas que no producen convulsiones visibles pero afectan el funcionamiento cognitivo).
En estos casos, la identificación de descargas eléctricas anormales puede orientar hacia un tratamiento temprano que favorezca un mejor pronóstico.

4. Trastornos del comportamiento o del aprendizaje
Algunos trastornos del comportamiento, como conductas disruptivas, agresividad sin causa aparente o cambios de humor repentinos, pueden tener origen neurológico. También se solicita un EEG en niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) cuando se sospecha que podría haber una disfunción cerebral adicional que complique el cuadro.
Aunque el EEG no diagnostica el TDAH por sí solo, puede ayudar a descartar otras condiciones como la epilepsia o detectar patrones anormales que expliquen ciertos síntomas.
5. Encefalopatía o parálisis cerebral
En niños con antecedentes de encefalopatía (lesión cerebral difusa) o con diagnóstico de parálisis cerebral, el EEG puede ser útil para evaluar la función eléctrica del cerebro y detectar la presencia de actividad epiléptica oculta.
Esto es especialmente relevante porque muchos de estos pacientes presentan crisis no visibles o alteraciones en el estado de conciencia que pueden pasar desapercibidas sin un EEG.
6. Análisis ante eventos inexplicables
Cuando un niño presenta episodios recurrentes de pérdida de conciencia, movimientos extraños o desconexión sin causa clara, el electroencefalograma en niños permite distinguir si se trata de un fenómeno epiléptico o de otra causa, como síncope o trastornos psicógenos.
En estos contextos, el EEG se convierte en una herramienta esencial dentro de las pruebas neurológicas en niños, ya que orienta al neurólogo hacia el diagnóstico correcto.
¿Qué puede detectar el EEG infantil?
Entre los hallazgos más relevantes que pueden observarse en un EEG infantil están:
- Actividad epiléptica interictal: picos o descargas anormales entre crisis.
- Alteraciones en las ondas cerebrales: lentas o asincrónicas, que pueden sugerir daño cerebral.
- Focos irritativos: áreas cerebrales que originan crisis epilépticas.
- Patrones eléctricos compatibles con síndromes epilépticos específicos.
- Trastornos difusos de la actividad cerebral, como en encefalopatías o coma.
¿El EEG siempre detecta las crisis?
No. Un EEG normal no descarta completamente la epilepsia, ya que las crisis pueden no presentarse durante el estudio. Por eso, en algunos casos se necesita una monitorización EEG prolongada, que puede incluir video para registrar la conducta del niño durante las crisis, o estudios durante el sueño o después de privación de sueño para aumentar la probabilidad de detectar actividad anormal.
¿Cómo preparar a un niño para un EEG?
Es importante explicar al niño en palabras simples qué se le va a hacer. Se debe lavar el cabello sin productos y procurar que llegue relajado. En algunos casos, se solicita que el niño esté somnoliento o con poco sueño, según el objetivo del estudio. La colaboración de los padres es fundamental para que el estudio sea exitoso.
