Fisioterapia para niños con parálisis cerebral
Autor: Giovana Femat Roldán
La parálisis cerebral (PC) es la tercera causa de trastornos del neurodesarrollo tras la discapacidad intelectual y los trastornos del espectro autista (TEA). La PC es la causa más frecuente de discapacidad motora en la edad pediátrica.
El manejo adecuado de los niños con parálisis cerebral precisa elaboración de protocolos adecuados a los centros de referencia y equipos multidisciplinares coordinados que aborden todos los problemas que pueden presentar, sobre todo las formas más graves:
- Discapacidad intelectual
- Trastornos del espectro autista
- TDAH
- Epilepsia
- Hidrocefalia
- Déficits visuales y auditivos
- Trastornos respiratorios y de alimentación
- Osteoporosis
- Estado nutricional
- Crecimiento
- Trastornos del sueño
- Deformidades osteoarticulares que precisan cirugía
- Patología bucodental.
¿En qué consiste la fisioterapia en el pediátrico?
La fisioterapia pediátrica es la disciplina de la fisioterapia que se encarga del asesoramiento, tratamiento y cuidado de aquellos bebés, niños/as y adolescentes que presentan un retraso general en su desarrollo, desórdenes en el movimiento (tanto congénitos como adquiridos) o que tienen riesgo de padecerlos. Como todos los sanitarios, los fisioterapeutas realizan trabajos de prevención primaria, secundaria y terciaria, e incluso, cuaternaria.
En los niños con grave trastorno motor, y teniendo en cuenta la distinta sintomatología clínica como:
- Espasticidad
- Hipotonía
- Parálisis
- Deformidades articulares
- Alteración de la sensibilidad
- Enfermedades progresivas
- Dificultades respiratorias
- Dolor, etc.

La intervención rehabilitadora debe estar dirigida a:
- Asegurar un posicionamiento cómodo, en la cama y en la silla, que le impida la aparición de deformidades o su progresión, y evitar el dolor
- Mantener una función respiratoria lo más adecuada posible
- Mantener la actividad muscular y articular que permita su situación, facilitando la mayor movilidad posible
- Entrenar, controlar y vigilar la alimentación por boca, si es posible, y controlar la aparición de signos de disfagia, reflujo gastroesofágico, o malnutrición, alteraciones digestivas, etc., para instaurar el tratamiento adecuado.
Recuperación de capacidades funcionales
Constituye el inicio de la rehabilitación propiamente dicha. En muchos casos la función deficitaria, como por ejemplo la marcha, se trata además con medidas orientadas a subsanar no un déficit funcional sino un síntoma que constituya una limitación para la misma. Así, el tratamiento de la espasticidad y de sus complicaciones como las rigideces, se debe controlar como se ha descrito en el punto anterior mediante:
- Posturas preventivas
- Cinesiterapia
- El uso de fármacos antiespásticos sistémicos o locales
- Con ortesis o férulas
De forma que se minimice su repercusión negativa sobre la deambulación.
Rehabilitación motora:
La parte fundamental y de mayor esfuerzo para el paciente es la recuperación de la motricidad. Según la localización de la lesión no sólo la fuerza sino también el equilibrio y la coordinación se ven afectadas, como en los casos de las ataxias y las apraxias, de modo que el enfoque terapéutico se suele hacer de manera conjunta.
La alteración espástica y sensitiva, especialmente en el caso de la propioceptiva, y de la percepción en casos de anosognosia o heminegligencia, influyen en la recuperación de los esquemas motores del paciente y son tenidas en cuenta a la hora de diseñar el programa terapéutico.
Rehabilitación de la marcha:
Exige la progresión de ejercicios desde la postura en decúbito hasta la bipedestación, pasando por la sedestación, pues el control del tronco en bipedestación es requisito indispensable para iniciar la marcha. Este entrenamiento se ha de orientar hacia:
- La realización de volteos
- Disociación de las cinturas
- Equilibrio en sedestación
- Carga de la extremidad
- Equilibrio en bipedestación
- Control del cambio de apoyo.
Posteriormente se iniciará la reeducación de la marcha empezando por las barras paralelas lateral y luego frontalmente, pasando sucesivamente al andador y bastones y terminando por la deambulación independiente en los mejores casos.
Rehabilitación de la comunicación:
- Afasia:
El trastorno de la comunicación fundamental es la afasia, que puede ser de predominio expresivo o de comprensión, y asociarse a un trastorno articulatorio o disartria, a una alteración de la lectura o alexia ya otras alteraciones como la escritura (agrafía) y el cálculo (acalculia).
Todas las afasias son susceptibles de tratamiento, pero no todas tienen un buen pronóstico, por lo que tampoco todas se podrán beneficiar de un programa de logopedia. Difícilmente se puede aplicar un tratamiento.
- Disartria:
Cuando existe un trastorno de la articulación, bien aislado, bien asociado a la afasia, el paciente ha de ser instruido en la realización de ejercicios logocinéticos y praxias bucofonatorias.
En casos con paresia facial central la recuperación puede estar dificultada e ir asociada a una disfagia de la fase oral. Cuando está asociada a la afasia y no se trata de un problema meramente motor el tratamiento es más dificultoso.
